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¿Qué podemos aprender de nuestro pasado para poder resolver nuestra crisis de inmigración?

Enviado por en enero 19, 2012 – 12:06 pm | 3.422 views

 Por: Jose R. Pérez Jr.

Nuestro lema nacional escrito en latín, “E Pluribus Unum”, y que está inscrito en el sello de los Estados Unidos significa “De muchos, UNO.” Para la mayoría de nosotros, el Latín es Griego y por lo tanto preferimos el vernáculo-regional-Americano-Ingles, y de preferencia el TEJANO! El simbolismo incrustado en esta frase tan dinámica, demuestra nuestra gran riqueza cultural y diversidad como una nación de “inmigrantes” y pone en evidencia nuestra solidaridad como americanos a secas. En una época en la cual la palabra “inmigrante” es difamada y vilificada por nacionalistas, legisladores y futuros candidatos para la presidencia de los Estados Unidos de ser la causa de nuestros problemas actuales es, tal vez, la mejor época para reflexionar como llegamos a este punto. Como estudiante de la Historia, exinmigrante, y abogado de inmigración por casi 25 años, he aprendido que nuestro pasado tiene la clave para este análisis introspectivo.

Desde nuestro inicio como nación, hemos tenido opiniones conflictivas y ambivalentes con respecto a los recién llegados a nuestro país, conocidos como “inmigrantes”. Estos individuos pueden tener documentos legales o ilegales,
pero esta distinción es esotérica para la mayoría y sobretodo imposible de distinguir. Lo que importa es que son “inmigrantes”. Nuestra historia está repleta de períodos de intolerancia, prejuicios, y desorden hacia ellos sin importar su
origen o nacionalidad: los chinos que construyeron las líneas del ferrocarril; los colonos alemanes en Pensilvania; los irlandeses católicos, los italianos a principios del siglo XX; los trabajadores migrantes mexicanos; los refugiados
vietnamitas; los cubanos del Mariel, los haitianos, y una multitud de otros que vinieron antes y que siguen viniendo. Todos ellos son lo mismo , “inmigrantes”, y tienen que aculturarse y asimilarse a nuestro estilo de vida para poder ser
dignos de nuestra aceptación. Para muchos, este proceso de “aceptación” requiere el paso de, por lo menos, una generación. Pero la aceptación tiene un precio: nuestros prejuicios, ignorancia, apatía, y miedos deben de ser purgados de
nuestra conciencia antes de que los “inmigrantes” puedan ser aceptados para que nuestra propia transformación pueda ocurrir. Tal y como fue al principio de nuestra república, con el paso del tiempo la mayoría de los “inmigrantes” se
asimilaron y fueron bienvenidos. Este interminable círculo de aceptación es repetido día a día. Esta es nuestra historia. Esto es lo que somos. Nuestro país es todavía la luz de la esperanza para todos aquellos que tienen la valentía de dejar todo atrás y tratar de superar la prueba. El sueño americano es imparable y todavía vive. Desgraciadamente, queda mucho por hacer.

El tiempo es AHORA, para que el congreso federal apruebe la legislación de una reforma migratoria exhaustiva para replantear un sistema legal migratorio obsoleto, que ha sido descuidado por más de veinte años, y para legalizar el estatus de más de 11 millones de indocumentados en los Estados Unidos. Esto es demandado por familias que necesitan reunirse y por empleados que necesitan acceder a trabajos profesionales altamente calificados, expertos e imprescindibles para poder competir en los mercados mundiales. El hecho de poder resolver nuestro problema de inmigración es crucial para nuestra seguridad nacional y para nuestros intereses. Hemos sido testigos de lo que sucede estados fronterizos como Arizona, Alabama, Georgia y otros tratan de controlar la inmigración dentro de sus fronteras; los resultados crean un caos humano y económico. El problema de la inmigración es una temática federal y como tal, el congreso federal, bajo nuestra constitución, es el que tiene que promulgar leyes claras, factibles y justas que aborden el problema de  nuestro sistema de inmigración quebrantado y al mismo tiempo realcen nuestra seguridad nacional. En vez de la demagogia y
trabas usuales el congreso federal debe de tener la entereza para poder abordar este tema de una vez por todas. Es tiempo de INTENSIFICAR. El pueblo americano espera y demanda acción. Es una vergüenza que el congreso no actúe e ignore
este problema. No hay ninguna duda que la mayoría de los americanos quieren resolver nuestra crisis de inmigración de manera razonable y ordenada. Yo creo fervientemente que la historia juzgará severamente a nuestra nación, sin posibilidad de absolución a menos que como americanos tengamos el coraje de facilitar la ACCIÓN.  Ahora  que estamos en el año 2012, debemos estar conscientes de lo que se debe hacer para poder promulgar políticas públicas sólidas, prácticas y compasivas que estén acordes con nuestra historia, y nuestra conciencia como nación.

 

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